El mal nuestro de cada día

1.

Hace ya más de un año, mi novia y yo compartíamos un piso muy bonito en el barrio de Sants, que habíamos ido decorando a nuestro gusto, adaptándolo a nuestra manera de vivir. Como si tuviéramos puñetera idea de cómo vivir. Por circunstancias diversas y el paso de los meses, el plan que parecía perfecto acabó por no serlo tanto, de una forma bastante poco sorprendente, por otro lado. El caos se apoderó del lugar, hasta el punto de que se nos rompió el amor de tanto usarlo y la convivencia, en un momento difícil para los dos, se deshilachó hasta el punto de que arrastró la relación al agujero.

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