Con septiembre llega la fuegovisión

ilustración del genial Josan Gonzalez

Nunca he tenido del todo claro qué significa ser escritor. Supongo que la manera más fácil de definir la palabra es refiriéndose a una persona a la que le pagan por escribir. Una persona cuyas historias cautivan a una audiencia, que las sigue, y está dispuesta a dar dinero por ellas. Pero esta definición siempre me ha parecido un poco estrecha. ¿Un guionista de cine no es escritor? ¿Y de cómics? ¿Alguien que escribe por pura afición y acumula relatos en su cajón sin ver un duro por simple amor a las letras, no es escritor?¿Y qué pasa con los críticos de cine? ¿Y con los blogueros y blogueras, o los periodistas? ¿Qué pasa con esa joven que ha escrito y publicado un par de novelas pero en realidad come de cualquier otro trabajo? ¿Son o no escritores los poetas ocasionales, los tuiteros de ingenio afilado, los dramaturgos, los raperos?

Por un lado,  desde que recuerdo he pensado en El Escritor con la idea del autor en mente, con mis novelistas preferidos en la cabeza. Gente dedicada en cuerpo y alma a la literatura “seria”. A los libracos. Y a la vez siempre he creído que todos somos un poquito escritores, igual que somos más o menos lectores, en la medida en que el contar historias y que nos las cuenten, está muy conectado con lo que somos como animales sociales.

Cuento esto porque una de las pocas cosas con las que he sido moderadamente constante a lo largo de mi vida es con la tarea de escribir. Me recuerdo escribiendo desde bien pequeño. He trabajado como periodista y copywriter, y he publicado aquí y allá reflexiones, críticas, pequeñas piezas de ficción. He tenido ya unos cuantos blogs, incluido este mismo. Pero jamás diría que hoy por hoy soy escritor, porque sería falso. Ni tengo la audiencia ni llevo dentro esa pulsión incontrolable de la que hablan los autores quienes no pueden estar sin narrar sus historias ni un día entero. No necesito escribir todo el tiempo, ni es necesariamente mi única obsesión. Para obsesiones la música, las pelis de terror o la cata de cervezas. Sí que soy, sin embargo, un apasionado de las letras, un convencido radical del poder de la palabra. Y disfruto descubriendo mundos nuevos, y creando personajes, y situaciones, y tratando de poner sobre el papel ideas, historias, reflexiones. Disfruto tanto que muchas veces se me acumulan las páginas y no tengo muy claro qué hacer con ellas.

Durante este verano, revisando mis archivos, me percaté de que en mi ordenador había decenas de pequeños y grandes relatos que apenas habían visto nunca la luz. Muchos de ellos más o menos enmarcados dentro del género fantástico, o de ciencia-ficción. Me daba mucha rabia tener esos archivos pudriéndose en un disco duro, así que tuve la más obvia y barata de las ideas: copiar a mi yo del pasado. Es decir, montar un blog para ir dando salida por mi cuenta a todo ese material que se me había ido acumulando en los cajones virtuales.

De esta manera tan simple nace Fuegovisión. Un blog de relatos breves, antiguos algunos, más nuevos otros, que bordean estos géneros que tanto amo. Versiones alternativas de nuestra realidad cotidiana, tecnodelirios fruto de una actualidad retorcida. Divertimentos. Ejercicios de estilo. Amor infinito al cyberpunk y sus universos. Una pizca de sentido del humor macabro. Un buen puñado de chifladuras.

Todo eso es lo que os iréis encontrando en este blog que comparto con vosotros deseando que lo disfrutéis, y que trataré de ir actualizando con cierta regularidad. Siempre que el keroseno de las frases no se agote.

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