AACCMAD 2016. El “suquet” nuestro de cada día

Hace un par de semanas estuve, junto con amigos de LaCol y otros colectivos de Barcelona, en el noveno encuentro anual de Arquitecturas Colectivas. Esta red descentralizada, con nodos en toda la península, Latinoamérica y algunas partes de Europa, existe desde 2007, y está formada por personas y colectivos que se preocupan por encontrar nuevas manera de habitar y dar forma a los entornos de la ciudad y más allá. Generar, en colectivo, nuevas maneras de vivir. La propia naturaleza de la red hace que el trabajo de toda esta cantidad de gente se encuentre muy desperdigado y que muchas veces la comunicación no fluya todo lo bien que podría. Por eso, desde casi el mismo nacimiento de la red, se vienen celebrando encuentros una vez al año. Para compartir experiencias, conocimientos, esfuerzos, y como no, también para disfrutar en compañía.

Este año, después de haber recorrido las periferias de la península durante las pasadas ediciones, el encuentro ha caído en el mismo centro geográfico, político y económico del país: los Madriles. Ese lugar en el que según dónde vayas tienes que andarte con mucho ojo a la hora de pedir una cañita y una ración de ensaladilla rusa porque puedes acabar borracho y con patatas saliéndote por las orejas. El choque con la escasez de las tapas de los bares barceloneses siempre me hace preguntarme qué narices pinto yo viviendo en esta ciudad, si yo soy de Zaragoza y tampoco es que allá escatimen con lo del buen comer, y nos gusta más un bar que a un tonto un lápiz. Así nos va.

En fin, que allá nos plantamos, alojados al lado del Calderón con el siempre amable Diego, de Todo por la Praxis, que nos dejó su salón para morir cada noche, después de largas jornadas de discusión, trabajo, aprendizaje, y sí, unas cuantas cervezas. Por hora. Y después se prestó, ya casi acabando el encuentro, a sentarse un rato con nosotros en el huerto del Solar Maravillas (del que participan miembros de varios centros sociales ahora cerrados por la nueva administración municipal), y comentar la génesis de montar un sarao así. Nosotros, que habíamos estado trabajando en la organización del encuentro de Barcelona en 2014, le acompañamos en el sentimiento.

En cuatro días descubrimos: el bonito espacio del Instituto Do It Yourself, en Vallecas; un montón de proyectos interesantes y procesos ciudadanos que están teniendo lugar en una ciudad en plena transformación, como por ejemplo el movidón tan complejo que ha tenido lugar con la reforma de Plaza España; también el trabajo de gente venida de todos los rincones del Estado; que una “zapatilla” puede ser deliciosa de comer; que a falta de tartas, buenas son magdalenas; que un “suquet” de pescado puede explicarnos todo un entramado vital y definir un barrio; que a veces lo que hacemos es tan difícil de explicar que ni nosotros nos aclaramos, y que las redes más importantes y sólidas siempre tienen que ver con el afecto.

A todo esto, yo me pasé los cuatro días con la cámara a cuestas, así que al llegar de nuevo a Barcelona me senté a editar todo el material, intentando dar un poco de sentido a lo que vi, escuché, y sentí. Este collage pretende ser una mirada a uno de esos momentos del año que siempre esperamos con la ilusión de las primeras veces.

Gracias a todos los organizadores y la gente buena de Madrid. ¡Y hasta la próxima!