Trump, o la renuncia

trump_flicker_face_yess

El fascismo es la muerte de la empatía. El fin de la política, que en su acepción más radical es la idea de que personas distintas pueden convivir llegando a acuerdos. La glorificación de la idea paranoica de enemigo, del “o estás conmigo o contra mí”. La lógica del niño malcriado que lo quiere todo y lo quiere ya convertida en medida del mundo. Trump es un ser repulsivo, pero no es el mal que vive fuera de nosotros. Él, Marine Le Pen, Nigel Farage, Geert Wilders, no son un ente demoníaco ajeno a nosotros, sino la manifestación definitiva de un camino que como sociedad emprendimos mucho tiempo atrás. La metástasis de un sistema que veta por decreto la compasión, el apoyo mutuo, la afirmación de que no todo puede ser reglado, el derecho a la autodeterminación de cada grupo social. El fascismo somos nosotros mismos no queriendo ver. Encerrados en la lógica de las redes sociales que distorsionan la realidad de lo que ocurre cuando salimos a la calle y el mundo es múltiple, complejo, hermoso, extraño, violento, alegre pese a todo. Mandando a los perros de la autoridad a que acaben con toda disidencia que nos incomode. Nosotros eligiendo nuestro bienestar personal por encima del de nuestro vecino.

Ante esta deriva autoritaria, rancia, violenta, desprovista de sentido del humor, que levanta muros como única solución a la existencia del otro, necesitamos voces que apoyen la empatía radical, la lógica sobre la que se funda la única democracia posible: la que defiende con uñas y dientes nuestro derecho a ser individuos complejos y nuestra obligación de comprender lo que nos une y nos pone en común con aquellos que un sistema injusto nos ha enseñado a ver como una amenaza. Contra el odio: la aceptación del otro más allá de buenismos, el convencimiento de que la política tiene que volver a invadirlo todo para que asumamos la necesidad de convivir, el amor que expande nuestra visión del mundo. Me resisto a caer en la desesperación. Sé que somos muchas y sé que tenemos armas. Yo estoy más que dispuesto a empuñarlas.

Deja un comentario